Oración Para Hablar Con La Santa Muerte

La devoción heredada y prácticamente natural del tribaldeño ha pasado siempre por la contemplación silenciosa de la madre Ana que educa a la hija María, la Virgen. Nuestros progenitores y abuelos nos lo han trasmitido con orgullo. Así las cosas, el cono de la superstición echa también sus sombras donde y al menos se piensa.

oración para hablar con la santa muerte

Dios te salve, María, llena de felicidad, el Señor es contigo, bendita tú entre todas y cada una de las mujeres y bendita tu muy santa Madre, Santa Ana, de la cual naciste sin mancha de pecado, y de ti nació Jesús, Hijo de Dios vivo que vive y reina por los siglos de los siglos. En cuando a su forma, en la mayoría de los casos, se trata de la figura de un esqueleto de pié, con hoz o sin ella, sentado, apoyando los codos en las rodillas y la cabeza en las manos. Esta última actitud, recuerda de algún modo la imagen del Señor de la Paciencia. También proponemos, con relación a San La Muerte, que una parte del itinerario de transformación del amuleto protector en “señor” vengador se cumplió intramuros de la prisión de Corrientes, desde donde se divulgó la afirmación de que las tallas efectuadas por los reclusos son “buenas”, es decir, eficientes.

Oración Para Destruir Contrincantes

En una pequeña caja, en la que se guardaban celosamente cuatro figuras de San La Muerte, una de ellas, la mucho más pequeña, trabajada meticulosamente en plomo de bala, había desaparecido. La tradición habitual asímismo, le adjudica poderes para recuperar objetos perdidos o robados. En estas situaciones, pendiente de un hilo retorcido, se lo cuelga cabeza abajo en la galería de casa y según la dirección en que el “santurrón” quede mirando, se ha de Orientar la búsqueda. Cuando estoy orando siento hormiguitas en el brazo, un hormigueo que me hace saber que sí existe ella.

La Muy santa ha realizado por mí uno que otro favor; por ejemplo, dinero, todos los días me da una moneda extra de lo que yo pudiese tener por mi cuenta. La primera Muy santa que tuve fue una de color negro, tiene por nombre Milagros, porque la hallé en la basura; la limpié y fui con una señora a que la cargara con energía efectiva. Tengo otra de color rosa, es Bárbara, como la muñeca Barbi; la peino, la visto, la cambio de ropa. Les pongo nombre por su personalidad, por lo que ellas hacen.

Pero no me importa, si me quieren mirar que me miren, si no, que se vayan a la fregada. Yo empecé a adorarla en el momento en que me fui a trabajar de mesera a Valladolid. En esa ciudad se me fue un ser querido; se suicidó, se colgó. En el momento en que yo llegué a la casa de ese ser querido, estaba colgado. Lo que hice fue ponerle una Santa color blanca en la cabeza que traía en la bolsa y le pedí que me lo salvara, pero ahora se había ido al otro mundo; pero ahí supe que los milagros sí hay. Vivo con mi mamá, ella es muy católica, pero nos respetamos, cada cual tiene sus devociones, creencias y beatos.

Karla Campos, Sacerdotisa De La Santa Muerte

La retahíla de la noche radica en agradecimientos a la Santa Muerte, cantos y oraciones a la virtud, el hogar y a los devotos presentes; todo enmarcado por lúgubres armonías con órgano operadas desde una notebook conectada a una bocina con llantas. Una “pureada” es el nombre que recibe el ritual de purificación en el que se sumergen y lavan en un balde con agua, pétalos de rosa y ruda, las figuras de la Santa Muerte; posteriormnete se secan con una toalla y se cubren con nutridas bocanadas de humo de un puro. “Este ritual que hacemos sirve para arrasar con la brujería, sacar la sal y abrir caminos; asimismo marcha para descargar toda la energía que cargaron las Niñas. Después las revestimos de gala y las asentamos en su altar”, afirma, Juan Carlos, manteniendo un habano, Cohiba, encendido entre los dedos.

Se cuenta de un curandero con numerosa clientela, que en una de sus visitas se topó con la Muerte en el sendero. Esta, que también iba a la misma casa entró en conversación con el criollo. Así fue como al poco caminar, resolvieron en un pacto jugar a la taba la suerte de los enfermos.

¿Qué no va a poder alcanzarnos nuestra Santa, siendo madre de exactamente la misma Madre de Dios? Mil veces dichosos sean los que ahora son sus amantes y devotos y los que ardientemente se esmeran en darla a conocer y amar. Como afirma San Juan Damasceno, todos estamos obligados a los beatos Progenitores de María, Madre de Dios; y como añade San Alfonso, después de Jesús, María y José, San Joaquín y Santa Ana, Progenitores de María, la Madre de Jesucristo. Como venimos de ver, en el estudio de la formación y desarrollo de las devociones populares recientes importan, además de la tradición oral, los contenidos escritos que se venden en las santerías -católicas y no católicas-, los reportajes televisivos y los trabajos de foklore científico.

A diferencia de antaño, ahora no se puede hablar en estos espacios de investigación sobre lo popular y lo anónimo como exclusivos puntos de partida de lo folklórico por el hecho de que la actividad de los medios masivos de comunicación es, hoy día, uno de los rasgos que definen lo folklórico con más precisión. Con relación a su rivalidad como beato, en los años ´60 encontraba cosas perdidas; en los ´90, se amoldó a determinada crisis económica recurrente agregando hallar trabajo; estas serían las bondades de las que charlan los devotos actuales. Notemos, por otra parte, que éstas eran las gracias que desde bastante antes se pedían por la intercesión de San Antonio de Padua y San Cayetano, ambos santurrones canonizados por la Iglesia, y también muy populares en la República Argentina.

En las antiguas iglesias de Epinal y Remiremont existían tres estatuillas de madera a las que el pueblo bautizó como San Consumido, San Vivirá y San Muerto. Siempre que habían un enfermo grave, la fe habitual hacía que se le encendiera una vela a cada una de estas imágenes, y el augurio se daba donde se apagaba primero. Este singular “payé” popular como San La Muerte, recibe asimismo otros nombres, todos semejantes, como Señor La Muerte, Señor de la buena Muerte o San Justo de la Buena Muerte. Hay quien afirma que a este último, se lo distingue por estar parado y con la guadaña.

Sus devotos mucho más próximos son en este momento los latinos de cualquier país que cruzan la frontera para buscar un empleo y ejercer su derecho a la alegría. Damos merced a Dios por habernos dado a conocer y querer la figura de nuestra querida Santa Ana y nos gloriarnos de las gracias y bendiciones con que la adornó el Altísimo. Por tantas dichas, te solicitamos que nos alcances, Santa Ana, la gracia de conocerte y amarte más y más, de comprender y querer a Dios, como tú le conociste y amaste, de detestar el pecado, el único mal verdadero, y de vivir y morir como tú, por Dios y para Dios. Y en torno a esta devoción multisecular se ha conformado nuestro carácter, personalidad, cultura, tradición; y una serie de prácticas devocionales y oracionales riquísimas y repletas de contenido de fe. En Tribaldos, de generación en generación, venimos festejando con orgullo la memoria de Santa Ana.

No le he pedido algo grande todavía, solamente que cuide a mi familia y que me proteja. Bueno, todos y cada uno de los días le solicito que proteja a mi marido, es taxista, y va mucho a los pueblos de los aledaños. Debido a que rezo todos los días no le ha pasado nada, ni lo han asaltado, es muy prodigiosa la Santa Muerte.

Tal vez de ahí que, a esta imagen no se la halla en los sitios de devoción sean éstos santuarios privados o pequeños monumentos a la vera de ciertas sendas que registro periódicamente; más bien están allí las ediciones del esqueleto parado y cubierto con un mantón negro, con las manos juntas o con guadaña. En este último día de la novena consagrada a ti, nuestra querida Santa Ana, glorificamos de una forma particular a Dios, que tanto te distinguió en la tierra y tanto te distingue ahora en los cielos. Hoy nos unimos a todas las criaturas y al mismo Corazón del Hijo María para bendecir dignamente al Altísimo, que tanto te ha glorificado. Solo nos queda volver a encomendarte a toda la Iglesia, todas y cada una nuestras pretensiones y deseos, nuestra vida y nuestra muerte.

Hablar Con La Santa Muerte

Más de una vez asimismo, oímos decir que al llevarlo a cabo, el desgraciado moría instantaneamente y en paz. Entre los pueblos de América, es sin duda el mexicano, el que posee el mucho más rico repertorio sobre el folklore de la desaparición. Los símbolos y distintivos de esta, fueron representaciones frecuentes en sus códices, murales, tallas y cerámicas.